Junio 27, 2008

CULTURA ETEREA J U N O

              

C U L T U R A E T E R E A J U N O

“El enfermizo encanto de la enseñanza”, ZEITHGEIST
“Tu gracia fútil”, LMC
“El fin de los tiempos” Sebastián Tarzia
“Cuántos”, YUB le

Además: Katie Melua y el inmortal hábito de revolver bateas de discos usados.
El soundtrack de “Juno” guiado por Velvet Underground, Cat Power, Mott The Hoople y los Carpenters vía Sonic Youth.

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Junio 23, 2008

¡¡¡CUARENTAMIL VISITAS EN 11 MESES!!!

Junio 22, 2008

Hoy estamos, mañana no

 

Zombies, rusos y extraterrestres dieron paso a empresarios y presidentes: los villanos cambian pero la paranoia no se detiene.

Ahora la cosa pasa por el cambio climático. La crítica más inteligente que sufrió la última película de M. Night Shyamalan, El fin de los tiempos, apareció en el Village Voice: “Es la versión horror de La verdad incómoda de Al Gore“, escribió el crítico Robert Wilonsky. Es que sí, la película que se estrena mañana en nuestro país transforma el fantasma del cambio climático en ficción terrorífica.

Signo de los tiempos, parece: el mundo no terminará con un estallido sino con la contaminación hecha y derecha, transformándonos en suicidas, si es que ya no lo somos.

La idea de que el mundo se acaba es recurrente en el cine desde la década de los 50. El hongo atómico y la Guerra Fría fueron suficientes para imaginar finales cercanos.

Pero las causas que bajaban el telón de la humanidad han ido cambiando con el correr de las décadas. En aquellos cincuenta, nadie se animaba a decir que los rusos invadirían América, ni que eso implicaría el colapso definitivo de la civilización. No: la amenaza vendría de “afuera”. Además de los monstruos que siempre terminan reventados por la misma bomba que los hizo crecer (mantis gigantes, reptiles, arañas, hormigas), en los cincuenta para decir “rusos” se decía “extraterrestres”.

La adaptación de 1953 de La guerra de los mundos, dirigida por George Pal, es una especie de paradigma. Los marcianos acababan con todo, pero eran frenados en la última escena por unos virus para los que no estaban -qué tontos- inmunizados.

Eso pasaba mientras los sobrevivientes oraban en una iglesia y la idea de milagro y de que los Estados Unidos eran el pueblo elegido quedaba perfectamente clara. No por nada, en la versión de Steven Spielberg de 2005 lo primero en volar por el aire es una iglesia, y encima alguien pregunta si todo eso no lo hacen “los terroristas”.

En los 60 ya se podía decir “rusos” e ir directamente a la política o la sátira que para el caso eran lo mismo. En el mismo año 1964, Stanley Kubrick estrena la cómica Dr.Insólito (sobre un avión americano que se va a bombardear inadvertidamente Moscú) y Sydney Lumet el drama Límite de seguridad (sobre un avión americano que se va a bombardear inadvertidamente Moscú). Más allá de cierto litigio por plagio, las dos películas mostraban que rusos y norteamericanos serían igualmente (!) responsables del holocausto atómico. Que, en El planeta de los simios (Franklin Schaffner, 1968), finalmente ocurre y hace que los monos gobiernen la Tierra. Eso sí: nadie dice que los culpables sean de un bando u otro: el “malditos, locos, la arrojaron” que dedica el personaje de Charlton Heston no distingue a rusos de americanos.

Pero en los setenta, con Vietnam como signo del fracaso de la Guerra Fría, el miedo es otro: la superpoblación. El héroe es otra vez Heston en Cuando el futuro nos alcance (Richard Fleischer, 1973) donde la cosa pasa por unos pocos ricos que todavía pueden comer alimentos naturales y billones de personas que sólo se alimentan con una cosa rara llamada soylent. Que, se descubre al final -perdón- no es más que cadáveres humanos procesados. O sea, la humanidad comiéndose a sí misma.

Mientras tanto, el miedo seguía por el lado atómico. Casi todas las amenazas de los 80 giraban alrededor de máquinas tomando el control de las armas (Juegos de guerra, Terminator). En los 90, con el Muro desaparecido, el comunismo en el arcón de los recuerdos y la globalización económica y cultural, el fantasma del apocalipsis quedó para alguna fantasía patriotera poco seria como Día de la independencia. Pero después de George W. Bush, reapareció la idea de que el mundo está a un tris de desaparecer. No por guerras, sino por el abuso humano.

Por un lado, las enfermedades que transforman al hombre en lobo del hombre y que no se pueden eliminar: siguiendo la tradición de George A. Romero y La noche de los muertos vivos (1968), la ciencia desbocada produce mutaciones que implican la desaparición de la humanidad. Eso son Exterminio (Danny Boyle, 2002) y la reciente adaptación de Soy leyenda. Sin embargo, nada es más terrorífico ni un peligro más real que el comportamiento cotidiano y la codicia desbocada.

No hay película más apocalíptica ni tremenda que La verdad incómoda, el documental de Al Gore sobre cómo la irresponsabilidad del capital destruye el planeta. Es terrorífico porque no es una fantasía. De allí que M. Night Shyamalan opte por algo tan inasible, tan monstruoso, como un cambio de comportamiento, algo suicida. El fantasma hoy no tiene rostro, y está al alcance de la mano.

Cine catástrofe: problemas distintos, la misma angustia

Una cosa es el fin del mundo y otra la catástrofe. Una cosa es que nos muramos todos y otra es que tengamos la mala suerte de estar en un avión a punto de hacerse torta, en un barco que se da vuelta, en la terrazas de un rascacielos que se incendia, en un terremoto o paseando distraídamente por un volcán. Ésas son catástrofes un poco al azar. La diferencia, a lo mejor un poco sutil, es que un film apocalíptico es una especulación sobre algo que nos toca a todos: el lugar en peligro es el planeta Tierra.

Un film catástrofe se circunscribe a un acontecimiento puntual que puede tener decenas, cientos o miles de afectados y que el resto del mundo ve como “upa, eso me puede pasar a mí”. En Infierno en la torre (1974), el incendio se desata porque alguien se guarda parte del dinero de la construcción colocando cables no aptos para tal edificio.

En La aventura del Poseidón (1972), el barco del título es un crucero de placer con -básicamente- gente de dinero (igual se salvan los más pobres y los más chicos). Y en las sucesivas Aeropuerto (1970, 1975, 1977 y 1979, alias El Concorde) primaba el glamour. Quedan por ahí las catástrofes naturales como Terremoto (1974), la lava de El pico Dante y Volcano (ambas de 1997) y -otra coincidencia- los dos meteoritos de Impacto profundo y Armagedón (ambos desviados por misiones de valientes astronautas, ambos de 1998).

En todos esos casos la humanidad no está en peligro de desaparecer, sino apenas la gente que se porta mal o los que se sacrifican por los otros. De hecho, el epítome absoluto de las películas catástrofes (un género setentista si los hay) es ni más ni menos Titanic. Ahí sí que hay, explícitamente, lucha de clases, diferencias entre muy ricos y muy pobres (los de arriba y los de abajo, literalmente). Y existe ese mítico témpano que rompe todo y desata el caos social. También hay una historia de amor porque, después de todo, se trata de un film que resume el Hollywood clásico. Y resume para qué está el género: en la situación límite del accidente impensado, la gente muestra lo mejor y lo peor de sí: en eso consiste la angustia que nos causan esas películas.

 crítica

Junio 21, 2008

Fabio Alberti: “De pibe era medio cabrón”

Pone en jaque a su memoria y no hay caso. El cree que “no hay caso“. Piensa y dice no llegar fácil a ese nene que fue. “No tengo muchos recuerdos de cuando era chico… tampoco hay muchas fotos de esa época. Tengo una, por ejemplo, en la que estoy diseccionando un bagre. Lo pesqué en el río, cerca de casa, lo puse en un balde y después me sacaron la foto cortándolo sobre una mesa… pero no creo que eso tenga que ver con éste que soy ahora, ¿o sí?… A ver, lo que más me pudo haber marcado es la educación católica y eso está claramente en Peperino Pómoro“, comparte Fabio Alberti, el hombre que recuerda más de lo que cree y que cree —a decir por su personaje más audaz— menos de lo que en el colegio, tal vez, hubieran querido.

Con casi 20 años de carrera, reconoce que le sienta más cómodo hablar a través de sus criaturas —el mártir con el que parodiaba los cierres de TV o la Boluda total sin fecha de vencimiento— que repasar el camino a cara lavada, sin el maquillaje de sus creaciones, pero con su fino humor que ya es un sello de autor. Y de actor.

En la vereda de un bar de Palermo, bajo 9 grados y frente a un café, se anima a desandar el recorrido y encuentra, para su sorpresa, un puñado de recuerdos, convertidos así en las esquirlas que su supuesta falta de memoria no aniquiló. Hijo de una ama de casa y un cirujano, se crió en Martínez y fue alumno del San Juan el precursor. Entiende que “de pibe era medio cabrón. Encima me cargaban con un tío, el tío Antonio, que tenía muy mal carácter y eso me irritaba más todavía. Pero con los años se me pasó“. Sin llegar a ser un alumno brillante, “zafaba siempre y siempre al límite: 24 amonestaciones, 24 faltas, todo aprobado con 7, con lo justo, sin llevarme materias… Bueno, sí, me llevaba inglés. ¿viste lo mal que hablan inglés mis personajes?”. Ventila que entre sus virtudes se destacaba su capacidad para hacer machetes: “Me había inventado un sistema muy trabajoso en la escuadra transparente… le escribía varios renglones con la punta del compás, un enfermito. Cuando la apoyaba sobre la mesa no se leía nada, pero cuando la inclinaba se podían ver las letras“.
A los 42 años, confiesa que en ese entonces ya tenía el ácido humor de la acotación al margen, mas no la vocación. “No sé lo que es la vocación, cosa que le envidio a la gente que sí la tiene. Yo no soy Andrea del Boca, que de chica me tiraba por la baranda… Lo que sí me enseñó mi viejo fue a hacer bien lo que quiera hacer, lo que sea”, explica quien luego de compartir cartel varios años con Diego Capusotto —en Todo por 2 pesos o Qué noche Bariloche— volvió a su huella en solitario, para escribir su próxima obra o crear tipitos en RSM (América) y Day tripper (Rock & Pop).

Terminado el colegio, decidió tomarse “un tiempo para pensar qué hacer. Me iba temprano por ahí y leía, leía todo el día. Era un fanático de los clásicos“. En esos tiempos en los que Crimen y castigo era su libro de cabecera, un sueco que le recomendaba textos abrió un taller de teatro. Fue. Le gustó. Y al poco tiempo ya era alumno de Ricardo Bartís y de Pompeyo Audivert. Y un día, “un compañero que trabajaba en el programa de Tato Bores nos llevó a mí y a dos chicos como extras“. Por esos caprichos del destino, faltó un actor y “me dijeron vení vos. Fue mi primera escena guau y con Antonio Grimau. Eran como cinco minutos… no tenía letra, pero lloraba mucho“. Suficiente participación para ganarse unos pesos que le permitieron dejar su casa y vivir en el garage de un amigo, alquilar una habitación o sostener la independencia.

En ese girar por los cien barrios porteños, un vecino que conocía al director de De la cabeza —emblemático ciclo de humor— lo recomendó. A él a y a Alfredo Casero. Luego llegó Cha cha chá y se abrió el abanico que le dio aire a su galería de personajes que dicen lo que él diría. “Creo haber sido bastante coherente. Nunca hice nada que no quise… Mirá, yo me jacto de dos estupideces: de no haber ido nunca a Sábado bus a tirar el corchito (para ganarse un auto) ni de ir como crítico a TVR. No tengo nada en contra de esos programas, pero no me da ir. Y a esta altura, al menos, voy adonde quiero“, confiesa quien alguna vez no habrá sabido hacia dónde ir. Ahora sabe dónde no ir.

Silvina Lamazares

Junio 20, 2008

Junio 20, 2008

Un famoso cazador de nazis buscará al “Doctor Muerte” en Bariloche

Efraim Zuroff viajará a principios de julio la ciudad rionegrina y a Puerto Montt en Chile para dar con el criminal de guerra Aribert Heim, prófugo de la justicia alemana desde hace 46 años. El también apodado “Carnicero de Mauthausen” es uno de los más buscados ex jerarcas nazis de la Segunda Guerra Mundial.  

El famoso cazador de nazis Efraim Zuroff viajará a Bariloche y a Puerto Montt en Chile en busca del criminal de guerra Aribert Heim, apodado “Doctor Muerte” y “Carnicero de Mauthausen”, informó el Centro Wiesenthal.

El “Doctor Muerte” es uno de los criminales de la Segunda Guerra Mundial más buscados y Zuroff, director del Centro Wiesenthal y reconocido como el “mayor cazador de nazis”, estará en menos de un mes en la zona, donde se sospecha que podría encontrarse el ex jerarca nazi, informó la agencia judía de noticias.

Zuroff llegará a principios de julio para tratar de encontrar a Heim, quien es “el segundo más buscado del mundo”.

“En tres semanas estaremos en San Carlos Bariloche y Puerto Montt, los lugares donde Heim podría estar”, dijo Zuroff desde Jerusalem. Heim asesinó a cientos de detenidos en el campo de concentración de Mauthausen, ubicado en Austria, víctimas a las que extraía sus órganos sin anestesia y aplicaba inyecciones de veneno directas al corazón.

El Centro Wiesenthal sospecha de la presencia de Heim en esas dos ciudades porque su hija reside en Puerto Montt, ubicada a 600 kilómetros al sur de Santiago, la capital chilena.

Según las investigaciones de la organización judía, el ex jerarca nazi podría encontrarse tanto en esa zona como en la localidad vecina de Bariloche, zona que dio cobijo a varios criminales de guerra nazis.

Por la captura de Heim, que permanece prófugo desde hace 46 años tras evadir una planificada persecución de la policía alemana en 1962, los gobiernos de Austria y Alemania ofrecen 485 mil dólares de recompensa.

Por otra parte, Abel Basti, periodista que investigó la presencia de criminales nazis en Bariloche y publicó tres libros al respecto, consideró como “posible” que Heim haya estado en algún momento en la ciudad.

Dijo a Télam que Heim “hasta 1962 trabajaba como ginecólogo en Alemania sin ocultarse y después que tuvo el pedido de captura estuvo trabajando en España, Uruguay y en Argentina”.

Junio 15, 2008

” Charlie don’t surf!!! “


Charlie don’t surf and we think he should
Charlie don’t surf and you know that it ain’t no good
Charlie don’t surf for his hamburger Momma
Charlie’s gonna be a napalm star

Everybody wants to rule the world
Must be something we get from birth
One truth is we never learn
Satellites will make space burn

We’ve been told to keep the strangers out
We don’t like them starting to hang around
We don’t like them all over town
Across the world we are going to blow them down

Charlie don’t surf and we think he should
Charlie don’t surf and you know that it ain’t no good
Charlie don’t surf for his hamburger Momma
Charlie’s gonna be a napalm star

The reign of the super powers must be over
So many armies can’t free the earth
Soon the rock will roll over
Africa is choking on their Coca Cola

It’s a one a way street in a one horse town
One way people starting to brag around
You can laugh, put them down
These one way people gonna blow us down

Charlie don’t surf and we think he should
Charlie don’t surf and you know that it ain’t no good
Charlie don’t surf for his hamburger Momma
Charlie’s gonna be a napalm star

Charlie don’t surf he’ll never learn
Charlie don’t surf though he’s got a gun
Charlie don’t surf think that he should
Charlie don’t surf we really think he should
Charlie don’t surf

Charlie don’t surf and we think he should
Charlie don’t surf and you know that it ain’t no good
Charlie don’t surf for his hamburger Momma
Charlie don’t surf

Junio 15, 2008

DANGER MOUSE, Close Encounters of the Absurd kind

CAPITULO COMPLETO :)

 

 

 

Junio 15, 2008

Una española en el corazón del punk

Ésta es la historia de Paloma Romero, una malagueña que con 18 años años aterrizó en el epicentro del Londres sin futuro de los setenta. Rebautizada por The Clash como Palmolive, tocó la batería en dos bandas legendarias, The Slits y The Raincoats, y forjó un mito que todavía perdura. Desde su pacífico retiro rememora esos días.

GRAN eslogan aquel No future. Las consignas situacionistas que decoraron paredes en el mayo parisiense del 68 ayudaron de lo lindo al impacto mercantilista del punk de 1977. El mercader y representante de los Sex Pistols Malcolm McLaren lo sabía e hizo caja. Otros no tanto. Aquel campo abonado a la provocación, la fealdad y la blasfemia no parecía territorio fértil para el cultivo de las inquietudes espirituales, pero hubo quien se revolvió en aquel caos buscando un renacimiento interno.

Y si ese alguien se llama Paloma Romero y es de Málaga, la historia tiene que ser contada. Desde su actual retiro en Cape Cod (Massachusetts) no atiende demasiadas peticiones de la prensa, pero ha descolgado el teléfono, entretenida quizá por el interés que su singularidad todavía despierta. “Tenía por una parte un gran deseo de aventura, de ver mundo. Y por otra sentía que la cultura de la que yo era parte apenas tenía sentido para mí. La percibía restrictiva y materialista. Buscaba la libertad y satisfacer la inquietud que sentía interiormente, algo casi utópico en la Málaga franquista. El hecho de que fuera difícil conseguirlo no me paró los pies. Cuando se me mete algo en la cabeza me vuelco en ello de todo corazón”. Así habla una joven que a principios de los setenta aterrizó en Londres junto a su hermana Esperanza huyendo de su ciudad natal. Apenas estrenada su mayoría de edad, encontró en las casas okupas londinenses la libertad que había imaginado. ?Siempre había una fiesta donde ir, un concierto que ver y muchas drogas que tomar?.

Aquella malagueña rebelde vivió el punk en primera línea del frente. Todos la conocían como Palmolive; así pronunciaba su nombre Paul Simonon (entonces bajista de The Clash). Con tres chicas inquietas y salvajes formó The Slits, caligrafía femenina en un mundo masculino. Ni mucho menos eran el primer grupo de rock montado por mujeres, pero fueron de las primeras en no perpetuar tópicos de macho sobre el escenario.

Pero tanto carácter genera tensiones y, antes de publicar su estreno discográfico, Palmolive cogió su batería y se unió a las Raincoats, algo menos salvajes, pero igualmente nerviosas. ¿Se sentían respetadas? “En el verdadero sentido de la palabra respetada, no. Conseguimos poner nuestro sello como grupo de chicas y funcionar al lado de grupos masculinos sin dejarnos intimidar, lo que no era poco. También explotábamos el hecho de ser chicas, qué duda cabe. Con el tiempo he madurado el papel de la mujer en el mundo. Luchando por la igualdad de sexos creo que nos estamos chantajeando a nosotros mismos y a los que vienen detrás. El hombre y la mujer son diferentes, y si reconocemos esa diferencia y somos capaces de funcionar desde esa base, seremos más felices y crearemos una sociedad mejor”.

El toque andaluz de Palmolive fue recibido como algo exótico. Las mentes más claras del punk sabían que en la diversidad estaba la supervivencia. Mientras la uniformidad iba multiplicando la tribu, “yo aparecí en el New Musical Express con mi vestido de lunares”. Punk a la andaluza. La chica que años atrás había tenido una relación con Joe Strummer, cantante de The Clash, vivió aquel tiempo de un modo “desafiante; por momentos me sentía segura de mí misma y al instante todo se volvía incierto”. Como un inmenso y colectivo subidón. Los más torpes se quedaron colgados de él, los débiles no soportaron el bajón y los privilegiados lo tragaron como vitamina para el crecimiento. “Buscábamos atención. También una identidad. El único problema es que el punk no aportaba ninguna solución; sólo te sacudía la conciencia para que la buscaras tú. Toda la energía estaba enfocada a vivir un presente. Me sentía vacía, pero siempre eché la culpa a los demás. Cuando vivía en Málaga responsabilizaba de mis frustraciones a mis padres y al régimen franquista. Cuando llegó el punk, a la sociedad inglesa”.

Pagada de mí misma te abandoné / Poseída por el sueño de Don Quijote / me lancé a luchar con dragones / en el mundo real”(Adventures close to home). Era otra manera de leer el espíritu del punk. Más responsable. Palmolive empezó a enfrentarse a su desazón existencial escribiendo letras para las Rain¬coats. “Después de una actuación del grupo recuerdo que me quedé observando a los fans saliendo del recinto, hechos polvo, borrachos y con miradas vacías. De repente me di cuenta de que me sentía igual. O incluso peor. Porque de alguna manera les estaba ayudando a sentirse así“. Era el momento de huir en busca del paraíso perdido. Primera parada: la India. “Otra gran decepción. La meditación hinduista no me ofreció la paz que buscaba, sino que confirmó que lo que no me gustaba a mi alrededor también estaba dentro de mí”. Su siguiente destino fueron las comunas new age que empezaban a aflorar en los ochenta. Tuvo una revelación: no eran más que una higiénica farsa. Quién iba a decir que la chica que llegó a compartir grupo con el diabólico Sid Vicious (Flowers of Romance se llamaron) encontraría su identidad entre las páginas de la Biblia. “Tengo fe en Jesús, no en la Iglesia católica. La religión te da reglas morales por las que vivir, pero no te da el poder para cumplirlas. Quizá no lo tendría tan claro si no hubiera pasado por la experiencia del punk, lo cual es positivo. Sin embargo, si rebobináramos la película de mi vida, sabiendo lo que sé hoy, seguro que no escogería esa ruta”.

Mientras el mito de The Raincoats crece alimentado por fans ilustres, Paloma, con 53 años, ajena a todo, es feliz en EE UU con sus hijos y nietos. “Si no hubiera sido por el lujo que significaba poner aquella copia rayada del primer disco de The Raincoats, hubiera tenido muy pocos momentos de paz”, dijo en 1993 un tal Kurt Cobain.

EL PAIS

Junio 14, 2008

Junio 14, 2008

PIJAMAS

Junio 9, 2008

La hora de los mediáticos

Antes fueron las investigaciones periodísticas y los manuales de autoayuda. Ahora las editoriales apelan a nombres famosos de la radio y la TV para crear los éxitos que encabezan la lista de los más vendidos. Radiografía de un fenómeno que asimila la cultura con el espectáculo y que pone de manifiesto la desacralización del libro, hoy convertido en objeto de consumo

Un nuevo fenómeno se observa en las librerías más importantes del país. Se trata del surgimiento de nuevos autores que tienen un denominador común: aparecen constantemente en los medios y entran en nuestras casas a través de programas de humor o entretenimiento, concursos de baile y hasta noticieros. Son los “mediáticos”, carecen de pedigrí literario y son muy fáciles de encontrar, ya que se ubican al tope de las listas de best sellers.

Estos “mediáticos”, todos rostros conocidos o voces largamente escuchadas, cobran muy bien por escribir, venden mejor y forman parte de un gran negocio editorial. Y son bravos. Tanto los libros como los autores. El periodista Ari Paluch, cansado de lo que él define como “su enorme e infatigable ego”, fue en busca de Dios. Narra ese encuentro en El combustible espiritual (Planeta), un libro de autoayuda en primera persona, que incluye una guía práctica para ser feliz. Escrito en un tono coloquial que permite la complicidad con el lector/oyente, el libro ya llegó al primer lugar en la lista de los más vendidos.

Sin embargo, el fenómeno no empieza ni termina en Paluch. El psicoanalista Gabriel Rolón, otro exitoso, compiló varios casos de sus pacientes en Historias de diván (Planeta). Y si bien los nombres que utiliza son de fantasía, es muy probable que esos pacientes se hayan sentido un poco expuestos. Rolón -que fue segundo de Dolina en el programa de radio La venganza será terrible y en TV es columnista invitado en RSM , que conduce Mariana Fabbiani- lleva vendidos 110.000 ejemplares de su libro, en diez ediciones.

El actor, animador y entrevistador Fernando Peña últimamente cobró aún más notoriedad por tres motivos: primero, por haber sido insultado del peor modo por el ex piquetero Luis D Elía; segundo, por la aparición de su biografía, Las siete vidas de Fernando Peña (Sudamericana), de Mariana Mactas, y finalmente, porque Gracias por volar conmigo (Sudamericana), sus memorias como comisario de a bordo, se convirtió en uno de los títulos más vendidos en la Feria del Libro. Por su parte, el coequiper de Mario Pergolini en Caiga quien caiga , Eduardo de la Puente -autor de Por qué tardé tanto en casarme y El día más feliz de mi vida (y otros cuentos igual de estúpidos) , entre otros libros- volvió al ruedo el año pasado con Aerosmith es una mierda (Sudamericana), en cuyo prólogo escribe: “Espero que disfruten de este nuevo acto terrorista contra el mundo de la cultura literaria” (¿autocrítica impiadosa?). Hombre clave del programa TVR , el humorista Sebastián Wainraich va por su segundo libro de cuentos, Ser feliz me da vergüenza (Sudamericana), y con Hombres que aman demasiado (Norma), Roberto Pettinato se mantuvo durante ocho meses en la lista de best sellers.

Pero ¿qué hay detrás del fenómeno que muestra una invasión en las librerías de personajes que llegan de un mundo absolutamente extraliterario? ¿Qué significa que las figuras mediáticas irrumpan en el mundo del libro y, de un momento a otro, se transformen en los más vendidos? Dice el periodista y analista de medios Pablo Sirvén: “Sabemos que los medios, particularmente los electrónicos, son vendedores natos a gran escala. No por azar la gran publicidad gasta fortunas para promover sus productos masivos todo el tiempo. Ahora bien, con las personas los resultados no son tan directos. La TV puede convertirlo a uno en varias cosas distintas y con efectos, por cierto, bien diferentes. Porque una cosa es ser una celebridad, en el sentido cholulo de la palabra, y otra muy distinta trascender por prestigio”.

Para Sirvén, los famosos experimentan una sensación de poder que los lleva a pensar que pueden -o deben- triunfar en cualquier aspecto. “Pero la suerte no trata a todos por igual -sentencia- y en general, los más famosos e insustanciales pierden como en la guerra cuando quieren inmortalizarse en papel. Y, menos mal, no tienen gran repercusión”.

-¿Por qué?

-Porque aquello que divierte en la televisión no siempre tiene buen destino como libro de cabecera. Los influyentes, por lo general periodistas con cierta chapa, sí le pueden poner garra a una investigación o una biografía más o menos impactante. Y una biografía “no autorizada” a veces hasta llega a la lista de los libros más vendidos.

-¿Y qué se hace con el fenómeno?

-Las estanterías de las librerías vienen degradándose de unos años a esta parte, porque ni han sido ni son inmunes al tsunami televisivo, acentuado últimamente por la fugacidad superficial del mundo virtual y la vacuidad general que campea en las sociedades occidentales. Por eso, las editoriales están más preocupadas en conquistar a los no lectores, que son muchos más que los lectores. Es a ellos a quienes se entusiasma y no siempre con armas nobles. El marketing urgente busca pócimas mágicas por el lado de los contenidos, colores y diseños impactantes, con vencimiento a la vista. De tanto probar, a veces, muy de vez en cuando, aciertan, pero a costa de inundarnos de un montón de títulos basura que pasan y no quedan.

Pero venden. Y mucho. Por ejemplo, Fernando Peña ocupó el tercer lugar entre los autores que más vendieron durante la Feria del Libro y anda rozando los 80.000 ejemplares vendidos. De la Puente está entre los 25.000 y los 30.000 ejemplares, Wainraich superó los 12.000 en apenas un mes y Paluch llegó hasta ahora a los 17.000. Estos números resultan más llamativos si se tiene en cuenta que, en general, un autor de literatura argentina no suele agotar la primera edición de sus libros (entre 4000 o 5000 ejemplares).

“Que estos autores sean mediáticos suma mucho a la hora de vender, porque se autopromocionan en los diferentes medios en los que trabajan -dice Florencia Ure, jefa de prensa y comunicación de Editorial Sudamericana-. Pero cada uno de ellos tiene particularidades. De la Puente y Wainraich se acercan más a la literatura porque escriben cuentos y relatos, mientras que lo de Peña es un anecdotario. Él mismo cuenta que cuando va a una reunión o está frente al público la gente le pide anécdotas de los viajes y nada más, por lo tanto escribió aquello que la gente quiere oír.”

Según Ure, el auge de los medios que venden entretenimiento hace que estos autores resulten muy taquilleros. “Los programas periodísticos ya no están en la televisión abierta, sino en el cable -dice- y en los canales de aire solo hay entretenimiento. En la mesa de Mirtha ya no hay políticos, a lo sumo uno de vez en cuando y en el living , y eso es parte del cambio de tendencia.”

Todos los entrevistados para esta nota hicieron hincapié en ciertos comportamientos de los lectores: así como en los años 90 el público lector miraba con respeto a los periodistas por las investigaciones que hacían y por cómo se arriesgaban, parecería que hoy quien compra el libro de un “mediático” cree que el autor de algún modo es su amigo. El mayor ejemplo de esto sería Rolón, objeto de múltiples llamados a Planeta por parte de quienes piden el teléfono de su consultorio para hacer una cita con “su” psicoanalista.

“Lo mismo pasa con Maitena: las mujeres creen que son sus amigas solo porque les ocurre algo similar”, dijo a adn CULTURA una editora que prefiere preservar su nombre. “Hay una tremenda banalización de la literatura, y esa banalización hace que De la Puente, Wainraich y Pettinato vendan. Si no salieran en la tele, ¿vos creés que venderían?”

Ignacio Iraola, director editorial de Grupo Planeta, sostiene que se trata de un fenómeno mundial. “La tendencia es escribir sobre hechos reales, cosas reales, de todos los días. Por eso el éxito de Peña, de Rolón o de Pigna.” Según Iraola, el único caso particular de la moda de autores “mediáticos” sería Paluch. “Yo fui a verlo porque quería que escribiera un libro sobre los argentinos y él terminó ´vendiéndome El combustible espiritual -apunta-. Cuando digo que ´me lo vendió , me refiero a la explicación que me dio. …l cree en lo que escribe.”

Iraola parece tan rebelde como sus rulos y arremete contra lo que considera la “gran careteada”: “Esos libros son comerciales, venden mucho y eso a mí me permite bancar a otros escritores que sí hacen literatura y no venden tanto. Acá hay una industria que yo no puedo ignorar. A Narda Lepes la buscamos porque sabíamos que hay una porción del mercado que adora la cocina cool. Su libro Comer y pasarla bien cuesta 100 pesos y la gente lo lleva. Vendió hasta ahora 24.000 ejemplares en cuatro ediciones”.

-¿Lo de Wainraich y demás es literatura?

-Sí y no. Son tipos de los medios que tienen algo para decir. Es literatura comercial, un nicho que no lo llenan otros escritores. Lo que pasa es que hay mucho prejuicio con todo esto. En mi opinión, lo de Sebastián Wainraich es literatura, los cuentos están buenísimos.

-¿Cualquiera de los mediáticos vende?

-No, para nada. Yo no le publicaría un libro a Tinelli o a Sofovich porque estoy seguro de que no venden.

-No te creo.

-De verdad. El negocio es vender esos libros a gente que no es de librería, porque lográs meterlos en el circuito y te compran otra cosa. El problema es el prejuicio: se tiene el concepto de que el escritor que escribe bien tiene que vender 100 libros y ser hermético. Por ejemplo, Federico Andahazi fue apoyado por todos los literatos cuando ganó el Premio Fortabat y lo prohibieron. Pero cuando se volvió famoso y comercial, lo denostaron. Su último libro, Pecar como Dios manda , lleva vendidos 25.000 ejemplares.

-Entonces el que vende mucho

- es berreta, y el que vende poco es cool . Hay libros para todos y yo tengo que satisfacerlos a todos.

-¿Son prejuiciosos en el extranjero?

-No. Como acá, no. Mirá, aquí Paul Auster era una maravilla hasta que se masificó. Y va a pasar lo mismo con Haruki Murakami, acordate.

Según cuenta Iraola, los mediáticos reciben por su obra anticipos que rondan los 10.000 pesos, una suma menor a la que percibe un autor “literario” más o menos instalado. ¿La razón? Los ingresos más sustanciosos los perciben en su trabajo en los medios.

Pablo Avelluto, director editorial de Random House Mondadori, afirma que el libro de un mediático debe cumplir los mismos requisitos que cualquier otro. “A partir del éxito de los recientes libros de De la Puente, Peña y Wainraich se comenzó a hablar de una suerte de tendencia dentro del mercado editorial -dice-. ¿Es necesario ser un personaje famoso de la tele o la radio para vender muchos libros? ¿Cualquier título escrito por alguien más o menos conocido garantiza la repercusión del público lector? Obviamente, la tentación de publicar a alguien famoso, con su nombre en la portada, puede llevar a pensar en un éxito seguro. Sin embargo, esto no siempre ocurre. Básicamente, hay una exigencia central: el libro debe satisfacer a sus lectores. Un libro es un libro, bueno o malo, y eso es previo al nombre de su autor o su autora. De la Puente, Peña y Wainraich, diferentes entre sí, son famosos, aparecen habitualmente en la televisión y en la radio, tienen legiones de seguidores. Pero además escriben bien, tanto ficción como no ficción. Una parte de su público desea conocer esa otra parte de estos personajes, ese aspecto menos conocido, íntimo, desde el cual el ´famoso se convierte en autor de una obra.”

-¿Tienen algo para contar o cuentan porque son famosos?

-En los tres casos encontré que tenían algo para contar, que no era lo que habitualmente pueden contar en su trabajo cotidiano. Los cuentos de De la Puente y Wainraich y las crónicas autobiográficas de Peña están fuera del registro y del timing de la tele y de la radio. Exigen otro compromiso de su público, en este caso, aquella fracción del público que accede a ellos de manera gratuita por los medios y decide acercarse con la compra y la lectura de un libro.

-¿Cuánto se les paga en concepto de adelanto?

-Los mercados también son diferentes. Las ventas de estos autores se cuentan por decenas de miles de ejemplares. Pero su repercusión en los medios se mide en puntos de rating y en centenares de miles de personas que componen sus audiencias. Un libro no se mide como un caché, y los autores que trabajan en los medios electrónicos lo saben. Pero los libros, cuando se trata de buenos libros como en estos casos, suelen generar el reconocimiento para sus autores en ámbitos que no son los habituales para el mundo de la tele o la radio.

-Entonces, ser famoso es el 50% del éxito.

-Desde luego, el reconocimiento popular ayuda mucho en la promoción. Sin duda, es más sencillo promover el libro de alguien que es conocido que una primera novela de alguien ignoto. Incluso, se puede llegar a medios y a públicos que habitualmente no dedican espacio a hablar de libros, y eso es producto del reconocimiento del autor. Pero la buena promoción es una condición, no una garantía. Mi historia como editor está colmada de fracasos editoriales con libros de personajes conocidos, o acerca de ellos, que han vendido muy pocos ejemplares. En conclusión, a la hora de vender libros, la fama es puro cuento.

El no lector entra en las librerías por las ventanas de la radio y la televisión, pero en general no se queda: se va por la misma ventana un rato después. Pasa por los libros tal como hace zapping mientras ve televisión. Al final, el arte estuvo ausente pero, después de todo, el no lector leyó un poco y pasó un buen rato.

Por Alejandra Rey LA NACION

Junio 9, 2008

Temperaturas bajo cero en las sierras de Córdoba y rutas cerradas por deshielo en las Altas Cumbres

Lo Policía cortó el tránsito por los pasos que unen la provincia con Cuyo para evitar accidentes, tras las intensas nevadas registradas anoche. Hoy la mínima en el Parador El Cóndor, uno de los puntos más elevados, alcanzó hoy - 3,7 grados.

La policía de Córdoba cortó hoy el tránsito por el camino de las Altas Cumbres, que une a la provincia de Córdoba con Cuyo, debido a que se registra deshielo.

La medida fue adoptada para evitar accidentes hasta que se supere el deshielo como consecuencia de las nevadas que se registraron anoche.

El comisario Ramón Frías, jefe de la departamental Punilla, informó que el corte se aplica a la altura de la localidad de Icho Cruz.

De tal manera, aconsejó circular por la ruta nacional 38, para llegar a aquellos destinos, pasando por la ciudad de Cruz del Eje.

La mínima de la jornada en el Parador El Cóndor, uno de los puntos más elevados del camino a las Altas Cumbres, alcanzó hoy 3,7 grados bajo cero, a las 8.

En Córdoba, la temperatura mínima se registró a las 8 y fue de 5,5 grados y el cielo está despejado y se prevé una máxima de 15 grados.

 

 

  :)

Junio 9, 2008

Junio 5, 2008

EL PALITO ORTEGA MONTONERO