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DC Comics publica “Unknown soldier” un libro sobre la guerra de Uganda

septiembre 1, 2009

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La tierra es roja en Uganda. Como sus anocheceres de fuego y como la sangre que ha bañado el suelo durante una guerra civil de más de veinte años. Y rojos, de rabia, son los ojos que miran desde la portada de Unkown Soldier, la novela gráfica que la editorial estadounidense DC Comics, famosa por sus historias de superhéroes, ha dedicado al conflicto ugandés. Al neófito, le llama la atención es la asociación cómic y guerra civil en Uganda. A los entendidos, descubrir que este Unknown Soldier poco tiene que ver con el clásico que la editorial publicó en los sesenta para contar la Segunda Guerra Mundial. De aquel personaje patriótico no queda nada más que la cara, envuelta en vendas gastadas que sólo dejan ver los ojos y el perfil de los labios. La identidad del nuevo soldado desconocido se revela desde el comienzo. Lo ignorado, para él y para el lector, es su guerra.

Lwanga Moses, el protagonista, es un médico pacifista de origen ugandés que, refugiado cuando era un niño con su familia en EE UU, vuelve en 2002 a su país para contribuir a curar las heridas infligidas en el Norte por las brutalidades del Ejército de Resistencia del Señor (ERS). La guerrilla del sanguinario Joseph Kony ha acabado en dos décadas con la vida de más de 10.000 personas y con la infancia de 20.000 niños y niñas reclutados como soldados y esclavos sexuales. En esta realidad no hay espacio para héroes con superpoderes. Moses es una excepción: llega como un héroe del pacifismo y acaba atrapado en el virus de la violencia.

¿Cabe todo esto en un cómic? Joshua Dysart, el guionista, aún se lo pregunta a pesar de que fue él quien propuso Uganda como lugar de ambientación. “Desde el 11-S me interesé por los extremismos religiosos”, cuenta en conversación telefónica desde Los Ángeles, “encontré la historia de Kony y empecé a documentarme. Cuando la DC Comics me pidió una historia de guerra inspirada en su viejo personaje, pensé que era ésta la que quería contar, mucho más que otros conflictos en los que mi país se había metido”.

En 2007, poco después del alto el fuego firmado por el ERS y el Gobierno ugandés, Dysart viajó al país y, durante el mes que estuvo allí, entrevistó a los protagonistas del conflicto. Políticos, misioneros, voluntarios, soldados del Ejército, ex rebeldes, víctimas. Visitó algunos de los más de 200 campos en que se refugió el millón de desplazados que escaparon del Norte. Y tomó centenares de fotografías. “Parecía un trabajo periodístico. Hasta me planteé cambiar de profesión, comenta. Quería escribir una historia que llegase a un público amplio y no un libro de África que sólo interesaría a los apasionados. Quería atrapar al lector y al mismo tiempo explicarle el contexto”.

Las páginas están diseminadas de píldoras de información que ayudan al lector a situar diálogos y escenas. Y a recordar que lo que se cuenta fue realidad. Para explicar la violencia sin incidir en ella con las imágenes. “Hay un límite que nunca se debe pasar: la pornografía, explica desde Milán el dibujante Alberto Ponticelli. Habría podido dibujar huesos machacados, ojos destrozados. Pero esto no es una película de horror. No hay espacio para la complacencia estética aunque, al mismo tiempo, tienes que transmitir una sensación realista“. Ponticelli no pudo viajar a Uganda y para la preparación de sus dibujos se basó, sobre todo, en las fotografías de Dysart.

Aún así, cuando Rachel Mugarura-Mutana leyó en Kampala la primera entrega de Unknown Soldier no le costó reconocer la atmósfera de su ciudad. Antes, esta periodista de 30 años tuvo que superar la sorpresa de ver que el protagonista de una de sus series favoritas tenía su mismo color de piel y que se contaba la guerra que el Norte de su país había vivido sin que el Sur, más estable, se enterara. “Por increíble que pueda parecer el conflicto es muy desconocido aquí”, comenta por correo electrónico desde la capital de Uganda. Espero que el cómic pueda contribuir a que las generaciones más jóvenes sepan lo que pasó. Aunque los cómics, como todo material escrito, son mercancía escasa aquí.

De las críticas que Unknown Soldier ha recibido quizá la de Mugarura sea la mejor. “La historia es tristemente realista y la guerra está contada con delicadeza”, dice.

FUENTE EL PAIS

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