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Serge Gainsbourg, El gran provocador

marzo 1, 2008

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En el décimo aniversario de su muerte, el mayor revolucionario de la música francesa recibe multiples homenajes. Más moderno e influyente que nunca, Serge Gainsbourg sigue rompiendo tabúes.

Por Juan Manuel Bellver

«Mi vida es un triángulo de alcohol, gitanes y mujeres», dijo un día. Serge Gainsbourg, músico, compositor, cantante de cavernosa voz, poeta, escritor, cineasta, actor, pintor, fotógrafo, intelectual ganador de un festival de Eurovisión, provocador público, desastrado congénito, pionero de la liberación sexual, renovador de la canción francesa, payaso, amante, referencia estética de toda una generación. Un personaje tímido refugiado en una careta de cinismo malévolo, que gustaba definirse como L’Homme à la Tete de Chou (chou: col, en argot galo, pene). O sea, en plata, El Hombre con Cabeza de Nabo.

Tuvo a las mujeres más bellas de su época, les escribió canciones tórridas, las fotografió sin ropa para la posteridad y las rodó en filmes de bajo presupuesto y mucha cama. La opinión pública le censuró duramente, la prensa rosa le persiguió, las radios prohibían sus discos y sus intervenciones televisivas («Quiero follar contigo», le espetó en directo a la remilgada Whitney Houston) siempre se saldaban con un pataleo generalizado. A él, sin duda, le hubiera gustado ser recordado por su enorme talento para la melodía, desde el yeyé hasta la música clásica, pasando por la chanson, el pop, el reggae y la experimentación. O por sus letras, increíbles ejercicios de lenguaje, que jugaban con la sonoridad de las palabras, el doble y el triple sentido de las frases, las onomatopeyas, la filosofía, la obsesión sexual, el amor y la muerte.

Pero no, todo el mundo le conoce y le admira por haber creado y cantado a dúo con Jane Birkin el himno erótico por excelencia de los 70, esa cadencia lentorra apoyada en un órgano agónico, llena de susurros, gemidos y voces entrecortadas, que fue censurada en nuestro país y se titula Je t’aime moi non plus. «La gente se escandalizó porque decían que habíamos hecho el amor en directo en el estudio -comentó Gainsbourg-. Pero es mentira. Si lo hubiéramos hecho, no habría salido un single de cuatro minutos, sino todo un elepé».

Madonna y Javier Álvarez se han mostrado interesados últimamente en hacer una nueva versión de dicho tema. El cantante madrileño estuvo barajándolo como una de las versiones que ha reunido en su reciente álbum, Grandes éxitos, pero no se lanzó. Y la Ciccione ya ha sido contactada para participar en un futuro disco de homenaje. La hija de Serge, Charlotte, conoce a la diva tras haber recitado las estrofas introductorias de What It Feels like for a Girl, en Music, y al parecer ha sido ella quien se lo ha pedido a su amiga.

El hijo pródigo

Mientras, el país galo se prepara para festejar con todos los honores el décimo aniversario de la muerte del hijo pródigo, el 3 de marzo, con documentales televisivos, conciertos y hasta cinco nuevas biografías que se editarán ese día. Aquí, la discográfica malagueña Pussycats publica el elepé coral Lucien Forever, con 17 adaptaciones del repertorio Gainsbourg, a cargo de admiradores indies como los estadounidenses Luna y Walkabouts, los ingleses Baby Birkin, las veteranas francesas Anna Karina & Katerine o los españoles Montreal 76, Souvenir y Bunbury.

Pero el hijo de emigrantes rusos que estudió Bellas Artes por amor a Picasso, devoto de Boris Vian y disidente del mayo 68, amante de la buena vida y de las mujeres, nunca buscó la gloria sino divertirse creando en todas las disciplinas (llegó a rodar clips para Marianne Faithfull y spots para Woolite) y sorprender a su público con un hedonismo provocativo de trasfondo existencialista.

La actriz y cantante inglesa Jane Birkin fue su musa, compañera e intérprete favorita en diversos estribillos lujuriosos como La décadanse o 69 Année érotique. Pero también hizo de pigmalión para Brigitte Bardot, France Gall, Catherine Deneuve, Isabelle Adjani, Francoise Hardy, su propia hija Charlotte (¡con un tema dedicado al incesto!) o Vanessa Paradis. En sus propios discos, reclutó a músicos de Miles Davis y a bandas de punk, y logró que el diario Le Figaro solicitara su expatriación en un editorial por culpa de su versión reggae de La Marsellesa.

«Todo el mundo en París recuerda el día en que murió», comenta el dúo Air, abanderado del nuevo pop electrónico francés. «Fue como un shock, porque él estaba siempre allí, haciendo alguna locura. Era un punk, un poeta, era parte de nuestras vidas».

Al día siguiente a su deceso, Brigitte Bardot leyó una elegía, las banderas ondearon a media asta y el presidente Mitterand decretó el luto nacional tras declarar: «Era nuestro Baudelaire y llevó la canción a la categoría de arte». Hoy, Bunbury le recuerda traduciendo al castellano una de sus canciones más definitorias, Requiem por un cabrón.

 

SERGE POR SERGE

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#1 «La fealdad tiene algo de superior a la belleza: dura más».

#2 «Yo encarno todo lo que los chavales querrían ser: marginal, un poco anarquista, pero no demasiado. Y es un lujo poder ser así y tener tanto éxito».

#3 «El amor sin filosofía es como el café. Se queda frío enseguida».

#4 «No soy un cínico como algunos pretenden, soy un romántico. Me he hecho cínico como reacción a la gente, que siempre me ha echado en cara mi fealdad y mi franqueza».

#5 «No tengo nada que decir sobre la felicidad. En general, no me interesa. Tengo momentos felices con algunas mujeres y me los guardo para mí. Lo que dejo para el público son mis momentos turbulentos».

#6 «No puedo daros la receta de una buena canción, pero siempre puedo enseñaros a preparar un buen cóctel de bourbon».

#7 «Cuando se tiene, como yo tengo, el alma doblada en plan feto, hace falta provocar para que se descontraiga».

#8 «Hay una frase terrible de mi padre que siempre me ha angustiado: “¿Para qué sirve la fama, si es para que te veamos tan poco?”».

#9 «Ponerse una máscara es una buena defensa. Yo creo que la he llevado durante demasiado tiempo y ya no logro despegármela. Por delante, está toda esa mascarada de la vida y detrás, un negro anónimo que hace el curro: ese soy yo».

#10 «En definitiva, nunca he dejado de ser un niño tímido y secreto, lo cual implica candor, inocencia, insumisión y salvajismo».

Frases extraídas del libreto de la caja triple antológica De Gainsbourg à Gainsbarre (Phillips, 1996).


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