Saltar al contenido

Tim Burton, “la vida es algo muy extraño”

diciembre 4, 2007

 

tim_burton.jpg 

Tim Burton está contento. Contento como un chico, se podría decir, si no fuera porque Tim parece no haber dejado jamás de ser uno. Los pelos ensortijados, los anteojos rectangulares gigantes, de color azul y negro, los brazos en perpetuo movimiento: todo el embalaje Burton describe a la perfección a alguien que parece detenido en un momento de la infancia o preadolescencia en el que sentarse a hacer dibujitos en el cuarto, encerrarse a ver películas de ciencia ficción o hacer experimentos con animales domésticos podrían ser rutinas cotidianas.

Pero no. Tim Burton es un cineasta y ya tiene, créase o no, 45 años. Es cierto, sus filmes (Beetlejuice, las dos primeras Batman, El joven manos de tijera, ¡Marcianos al ataque!, entre otras) parecen provenir de un lugar más cercano a la imaginación fecunda de un chico suburbano que la de un adulto casado que vive en Londres y acaba de ser padre por primera vez. Pero en El gran pez, Burton parece haber encontrado la historia perfecta que le permite acercar el puente entre las inagotables fantasías infantiles y el amargo realismo de eso que llaman adultez.

El gran pez es la historia de una reconciliación no sólo entre un padre y un hijo sino entre dos mundos, para muchos, irreconciliables: la fantasía y la realidad. En el filme, Edward Bloom (Albert Finney) es un anciano que está a punto de morir. Will (Billy Crudup), su hijo, con el que no habla hace años, viene de Francia a verlo. No sólo intenta sanar viejas heridas, sino a conocer la verdadera historia de su padre. ¿El motivo? El viejo Ed siempre fue un fabulador, un mitómano, un contador de historias que ha hecho de su vida un cuento fantástico, plagado de gigantes, criaturas, circos ambulantes, brujas malignas y peces enormes. Al final de sus días, espera Will, su padre le dirá la verdad acerca de sus aventuras.

Las conexiones con la historia personal de Burton son obvias, aunque cruzadas. El -no su padre- fue el chico soñador de mundos imposibles que le permitían escapar de la abulia de Burbank, el más chato de los suburbios californianos. El armó historias imposibles que se destacaban, precisamente, por su completo y total desinterés por el realismo. Y él, ahora, es quien acaba de ser padre y se enfrenta a un desafío nuevo.

De su propio padre, en cambio, Tim nunca habló mucho. Cada vez que se lo consultaba acerca de su familia prefería la indiferencia, aseguraba desconocer casi todo de ellos o, simplemente, se horrorizaba ante su “normalidad”: “Cuando alguien me pregunta qué es lo que me da más miedo -dijo una vez- jamás diría una película de monstruos. Diría: mi madre. Me daba terror. Ella y algunos parientes“.

Pero el tiempo pasa y las cosas cambian. El padre de Tim murió hace cuatro años y su madre hace dos. Y hoy, una mañana de noviembre de 2003, a días de estrenar la primera película suya que habla sobre padres e hijos, y con un bebé de dos meses, el niño eterno quiso hablar de su familia.

Mi papá murió hace poco y eso me hizo pensar acerca de muchas cosas que son difíciles de poner en palabras -explica-. Es una relación rara la que los padres tienen con sus hijos. Es única y diferente a todo otro tipo de relaciones. Así que cuando me llegó el guión de El gran pez, sentí que representaba todas esas cosas que no podés explicar. Es rara la forma que tienen padres e hijos de entenderse y eso fue lo que me gustó del libro”.

¿Tuviste la oportunidad, como el personaje, de hacer un cierre con tu padre?

No, no tuve. Nunca llegué al punto al que llega Will. Hice un intento de cerrar cosas con él, pero fue im posible. No teníamos mucha relación, pero no porque hubiera odio ni nada de eso. Era una dinámica que es muy específica entre padres e hijos, porque los hombres generalmente no hablan tanto. A mí me pasó y a otros también. Entre hijas y madres es diferente: no se callan. Esa búsqueda por tratar de entenderlo siempre me interesó.

En tu caso, el inventor de historias, el fabulador, sos vos y no él…

Pensé mucho en eso también. Mi papá tenía dientes falsos y cuando era chico y había luna llena se los sacaba y bromeaba que era un hombre lobo. No era un contador de historias verbales, como Ed. La verdad es que no éramos muy comunicativos, pero es innegable que uno es de donde uno viene. Por más diferentes que fueran a mí, son parte de lo que soy.

¿Te cambió tu idea sobre él ahora que sos padre?

Todavía no tuve tiempo de pensar en eso. Sigo en estado de shock.

¿Y cómo te ves como padre?

No sé, por mi parte, yo trataré de hacer lo mejor que pueda. No quiero hacer predicciones. Uno trata de aprender sobre la marcha, pensar en el presente y no mucho en el futuro. Trataré de no confundirlo mucho ni herirlo mucho. Espero poder hacerlo pensar que la vida es interesante y fabulosa.

Burton es un hombre de una imaginación rara y sus creaciones combinan lo tierno y lo grotesco de una manera única. Hace poco, su mujer, Helena Bonham-Carter le dijo que había soñado que, en lugar de un bebé, daba a luz a un pollo congelado, y a él le encantó la idea. Y en El gran pez, Ed narra su propio nacimiento de una forma bastante peculiar.

¿Fue el parto de tu hijo, Billy, parecido al que se ve en la película?

Fue similar. No igual, pero parecido (se ríe).

¿Estuviste en el parto?

Sí, claro. La gente siempre comenta que es algo raro. Y es en serio: el nacimiento es la cosa más extraña, sorprendente y rara que me pasó en la vida. Lo curioso es que lo más natural del mundo parece lo más antinatural. Es muy bizarro. Una experiencia surrealista.

¿Lo filmaste?

No, saqué fotos. Quería experimentarlo. Es shockeante, pero a la vez es tan grotesco que no quiero verlo grabado. Ver salir esa especie de cabeza de alfiler azul en medio de una cosa roja es como una escena de una película de monstruos.

La carrera de Burton combina éxitos y fracasos de taquilla, títulos personales y de los otros, proyectos inconclusos y aportes como productor. Sin embargo, en los últimos años se le venía haciendo difícil filmar lo que quería, debiendo aceptar encargos (El planeta de los simios) o perdiendo el tiempo en la nunca concretada Superman Lives. Por eso, asegura, El gran pez resultó una doble sorpresa.

Lo que me encantó del guión es que yo venía de trabajar en un estudio en el que no podés hacer una película sino la podés describir en una sola frase -explica-. Y El gran pez es una película y un guión que no podés describir así. Me sentí muy agradecido de que me den algo así. Es raro en la actualidad tener el apoyo total de un estudio para una película compleja, que deja que la gente decida qué y cómo sentir. Es una rareza para mí poder hacer esto hoy en Hollywood.”

¿Otros filmes fueron más traumáticos?

Usualmente los estudios tienen la fecha de estreno antes que un guión o un acuerdo con McDonald’s. Esta vez me sorprendió recibir un guión que a ellos les gustaba, que a mí me gustaba, que no tenía una gran estrella para venderlo, y que no podías describir en una sentencia. Es una de las mejores experiencias que tuve. Igual, no creo que Hollywood haya cambiado. Continúa siendo cada vez peor. Me da un poco de fe que, al menos un estudio, ocasionalmente quiera hacer algo de otra categoría.

¿Qué te gusto del libro en particular?

El libro es una serie de eventos, de sketches, poco conectados entre sí. El guión es muy bueno porque le da un foco, pero a la vez te tiene siempre fuera de balance. Lo que me gustó es que no sabés para dónde va y termina siendo algo muy simple. Eso me pareció hermoso. Y el tema de lo real frente a lo que no es, es muy interesante.

¿Cambiaste muchas cosas al guión?

Pocas. Algunas por cuestiones de presupuesto. La secuencia de la bañera es nueva, la pelea de karate. Además, tenía a grandes actores que aportaban cosas bárbaras.

¿La ves diferente al resto de tu cine?

No. Reconozco que hay algunos detalles emocionales simples que algunos pueden ver como más reales en mí. Pero fue fácil para mí identificarme con la historia.

¿Te identificás con algún personaje?

Trato de identificarme con todos. No soy una persona muy elocuente hablando, así que trato de entender algo de todos para que si algún actor me pregunta yo pueda darle un feeling del personaje. En realidad, con el personaje que más me identifico es con el de Steve Buscemi. El se parece más a mí que todos los otros, esa cosa de perversa alegría que tiene.

¿Lo sentís como un filme personal?

Trato de que todo sea personal. Pero ésta, El joven manos de tijera y Ed Wood son mis películas más personales. Es el cierre de la trilogía de “Edwards” (Nota: los protagonistas de El joven… y El gran pez se llaman también Edward). El extraño mundo de Jack fue muy significativa también. Pero te sentís cerca de todas tus películas, aún cuando es una gran producción de Hollywood. Siempre trato de hacerlas tan personales como puedo.

La película trata sobre un contador de historias y siempre te critican tu dificultades narrativas. ¿No te resulta irónico?

Sí, básicamente soy un decorador de interiores (se ríe). Al principio me molestaba esa crítica porque se pega y todo el mundo lo cree. Pero ahora me causa gracia. La verdad es que no tengo que probar nada.

El Edward de este filme es el gran pez del título. No sólo porque el animal en cuestión forme parte de una de sus fantasías más caras y reiteradas, sino porque el hombre siempre se consideró “un gran pez en un estanque pequeño”, un soñador que no podía soportar la idea de vivir una vida normal y aburrida, y que necesitó de las fábulas para hacer de sus aventuras algo fuera de lo común.

A su manera, el pequeño Timothy William Burton era un gran pez en su Burbank natal, con su imaginación inflamada incapaz de contentarse con la medianía soleada de un barrio en el que, desde su ventana, podía ver el hospital en el que nació y el cementerio en el que algún día lo enterrarían.

“Puede ser -admite-. Más que “un gran pez en un estanque pequeño” te diría “un gran pez en un ataúd”. Mis padres y mi abuela me decían que antes de saber caminar yo gateaba siempre para afuera de la casa; y que si alguien venía a visitar siempre me quería ir con él. Me gusta viajar, siempre me gustó ver cosas nuevas, experimentar.”

En la película aparece una ciudad fantasma en apariencia placentera llamada Spectre. Es como el Burbank del filme…

Sí, tal cual. Un lugar que parece placentero pero que tiene algo raro en el fondo. Aún yéndome al sur (la película se rodó en Alabama), terminé pensando en Burbank.

¿Cómo analizás que, viniendo de un ambiente tan convencional, tu imaginación sea tan extravagante?

La única manera en que puedo analizarlo es que uno busca lo que no tiene en la vida. Si crecés es un ambiente suburbano, cuadrado y aislado, te interesan cosas más oscuras como una reacción contra eso. Buscás algo distinto, sea vía el rock o el cine. Cuando voy a California ahora me siento como un vampiro. No soporto todo ese sol…

El Gran Pez plantea una dicotomía entre realidad y fantasía. ¿Cómo te ubicás en ese debate?

Hay mucha gente que tiene una mente literal, pero yo no soy así. Para mí, la vida es muy extraña. ¿Sabés cuántas veces me pasan cosas y pienso que si las pongo en una película nadie las va a creer? Y sin embargo son reales. Lo que es real y lo que no es real, especialmente cuando vas a los recuerdos y a las historias de la infancia, es muy difuso. Eso me encanta de esta historia, que lo real y lo no real se mezclan. Eso tiene sentido para mí. Por eso me gustó hacer Ed Wood, porque todos tenían una opinión distinta de él. Es como Rashomon. Todos recuerdan las cosas de manera diferente.

La película tiene momentos que podrían definirse como “fellinescos“. ¿Te gustan sus películas? ¿Es una influencia tuya?

Me encanta. Cuando ves sus filmes, sentís su pasión. Es alguien interesado en la vida. Hay algo espiritual en todas sus películas.

CLARÍN 2004

One Comment

Trackbacks

  1. ¡Qué día tan PADRE!…¿pero cuál de todos? | ivernac

Los comentarios están cerrados.

A %d blogueros les gusta esto: