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Adolfo Bioy Casares a la hora de escribir

septiembre 16, 2007

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“Escribir es un intento de pensar con precisión […] Por cierto, no es fácil que las frases digan con exactitud y sin perder la naturalidad lo que uno quiere decir, y que también fluyan una de otra para que el pensamiento se desarrolle normalmente, y que no multipliquen las eses. Quizá por asociación de ideas ahora recuerdo otros escollos. Uno: que las frases resulten versos, por ejemplo un endecasílabo bien acentuado que se destaca en la prosa como un adorno de mala calidad. O que después de muchas correcciones, con un suspiro de alivio digamos «ya está» y descubramos que los finales de frase riman. Otras desdichas: ir diciendo (suele ocurrirme) todo en pares: «inteligente y ameno», «tranquilo y gozoso», «el fondo y la forma» […] Pareciera que este oficio nuestro, tan espléndido, por momentos se vuelve nimio y nos enreda en rompecabezas engorrosos. No por nada a veces me digo que sería agradable tener a mano la musa para que me dictara y que mi escritura brotara como agua de manantial. Sin embargo, si tuviera que elegir entre la musa que dicta y el sistema de siempre, me quedo con el sistema de siempre. Sé que en los procesos de escribir y corregir se ordena el pensamiento. Más aún: no consideraría absurdo decir alguna vez: «De tales o cuales cosas no sabré lo que pienso hasta no haber escrito sobre ellas». Quizá debiera hablar de problemas, no de dificultades, que podrían desalentar a alguno de ustedes. Aunque por experiencia propia sé que nada desalienta a quién tiene vocación… Creo asimismo que tener conciencia de las dificultades es un requisito para superarlas“.

Tusquets, 1988.

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