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Una enumeración de las sensaciones que pueden contener absurdo

septiembre 2, 2007

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“Todas las grandes acciones y todos los grandes pensamientos tienen un comienzo irrisorio. Las grandes obras nacen con frecuencia a la vuelta de una esquina o en la puerta de un restaurante. La mismo sucede con la absurdidad. El mundo absurdo más que ninguno es noble por ese nacimiento miserable. En ciertas situaciones responder “nada” a una pregunta sobre la naturaleza de sus pensamientos puede ser una ficción en un hombre. Pero si esa respuesta es sincera, si describe ese singular ese estado del alma en el cual el vacío se hace elocuente, en que la cadena de los gestos cotidianos se rompe, en el cual el corazón busca en vano el eslabón que la reanuda, entonces es el primer signo de la absurdidad. Suele suceder que las decoraciones se derrumben. Levantarse, tomarse el tranvía, cuatro horas de oficina o de fábrica, la comida, el tranvía, cuatro horas de trabajo, la comida, el sueño y lunes, martes, miercoles, jueves, viernes y sábado con el mismo ritmo es una ruta que sigue fácilmente durante la mayor parte del tiempo. Sólo que un día se alza el “Por qué” y todo comienza con esa lasitud teñida de asombro. “Comienza”: esto es importante. La lasitud está al final de los actos de una vida maquinal, pero inicia al mismo tiempo el movimiento de la conciencia. La despierta y provoca la continuación. La continuación es la vuelta inconsciente a la cadena o el despertar definitivo.  Al final del despertar viene, con el tiempo, la consecuencia: suicidio o restablecimiento. En sí misma la lasitud tiene algo de fastidio. De ello debo deducir que es buena, pues todo comienza por conciencia y nada vale sino por ella. Estas observaciones no tienen nada de original. Pero son evidentes, y eso basta por algún tiempo, al realizarse un reconocimiento somero de los orígenes de lo absurdo. Como dice Heidegger, la simple “inquietud” está en el origen de todo.

Asimismo, y durante todos los días de una vida sin brillo, el tiempo nos lleva. Pero siempre llega un momento en que hay que llevarlo. Vivimos del porvenir: “mañana”, “más tarde”, “cuando tengas una posición”, “con el tiempo comprenderás”. Estas incosecuencias son admirables, pues, al fin y al cabo, se trata de morir. Llega, no obstante, un día en que el hombre hace constar o dice que tiene treinta años. Así afirma su juventud. Pero al mismo tiempo se sitúa en relación con el tiempo. Ocupa en él su lugar. Reconoce que se halla en cierto momento de una curva que confiesa que debe recorrer. Pertenece al tiempo, y con ese horror que se apodera de él reconoce en aquél a su peor enemigo. El mañana anhelaba el mañana, cuando todo él debía rechazarlo.  Esta rebelión de la carne es lo absurdo.”

 

Los muros absurdos, El mito de Sísifo (extracto)

 ALBERT CAMUS

 

Pintura: Tiziano

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