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“Casi una experiencia Orwelliana”

agosto 28, 2007
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Algunas semanas atrás me encontré releyendo un ensayo sobre la vida de  George Orwell. Luego de recorrer sus páginas por unas horitas decidí tomarme un recreo para relajarme antes de partir a una pequeña reunión de amigos que tenía esa noche. Me revolqué en el sofá que enfrenta al televisor e inmediatamente disparé el encendido. Vaya casualidad, que tras un furtivo zapping me encontré con Gran Hermano 2007, él programa del canal de las pelotas. No pude evitar trazar una sonrisa al pensar que había dejado a George para ahora toparme con Jorgito y este engendro que no reclama test de ADN.

A medida que me horrorizaba fui hundiéndome lentamente entre los aterciopelados almohadones hasta aislar por completo todos mis sentidos excepto mi vista, que continuaba estaqueada en dirección al TV. El horror y la indignación fueron creciendo rápidamente hasta que algo en mi cabeza se desbordó por completo.

Queremos distraernos un poco. ¿De qué? ¿De los problemas diarios? ¿De las inminentes elecciones? ¿De los que desaparecen hoy? ¿De la inflación? ¿De los paros docentes? ¿De salarios denigrantes?            Queremos entretenernos. ¿Es tan placentero conectarse a la matriz boba para blanquear nuestro cerebro? ¿Tan perezosos nos hemos vuelto, que buscamos entretenernos con métodos tan idiotizantes? ¿Desde cuando resulta tan seductora la carrera de “PARTICIPANTE DE REALITY SHOW”? La eterna viveza criolla ha acuñado otra faceta para glorificar la del personaje piola “lleno de guita y minas porque se encerró por cuatro meses y luego fue entrevistado por Rial y Cía.“. ¿Tan superfluas e inmundas se han vuelto nuestras mentes para pensar que sólo sé es alguien por aparecer en TV y revistas sensacionalistas. ¿Hemos de glorificar a estos embajadores de la chatarra por mucho tiempo más?

“Yo veo Bailando por un Sueño porque me divierte”

“Yo veo CQC porque son los únicos que hacen humor inteligente”

“Yo veo Duro de Domar porque tienen bien claro que viven de la basura televisiva”

“Yo no veo nada. Desde que no esta Casero no hay nada bueno”

“Yo solo veo Gran Hermano el día de las nominaciones”

Yo veo, vos ves, él ve, yo veo, vos ves, él ve, yo veo, vos ves, él ve, yo veo, vos ves, él ve, yo veo, vos ves, él ve, yo veo, vos ves, él ve, vos ves, él ve, yo veo, vos ves, él ve.

¡Ahijuna! Creo que estoy sufriendo de una sobredosis de TV, mejor me desenchufo.

Un rato después del ataque de stress finalmente me encontré entre mis amigos y una animada reunión. Con el pasar de las horas fue dilatándose hacia el destino común que tienen todos estos encuentros: cuatro paredes, mucho alcohol, y cuatro paredes que no dejar pasar aire nuevo. Ante la aparición del bajón, uno de los invitados tuvo la genial idea de experimentar con el mítico juego de la copa. Esa noche no me encontraba de ánimos saboteadores preferí callar y no decir nada del entretenimiento elegido. Además, la opción que tenia era ver TV de aire. Allí mi alternativa se bifurcaba a un programa evangélico, o hacia la decimoséptima transmisión diaria de un especial de Gran Hermano, lo que produjo mi decimoséptimo ataque de ira del día.

Nos tomamos de las manos, y dimos comienzo al juego. Una amiga habló con su abuelo; minutos después su novio intentó hablar con el Michael Jackson de Thriller, pero se dio por vencido luego de que solo obtuviera respuesta de un contestador que sonaba parecido al protagonista de Mi pobre angelito.

Entre miradas incrédulas y risas reprimidas, llegó mi turno y me vi obligado a decidir con qué habitante del otro mundo quería entablar una conversación. ¿Con quien podría hablar? La respuesta aniquilo mis dudas como un furioso rayo: George Orwell.

Antes de continuar creo conveniente sincerarme: siendo un escéptico de todo tipos de experiencias; sean las de muerte/vida de Víctor Sueiro, o las religiosas de Enrique Iglesias ¿Cómo puedo describir mi experiencia? Creo que lo mejor sería simplemente contarla como fue, y dejar que usted mi estimado lector saque sus conclusiones.

Concentré todas mis fuerzas en el otro mundo. Poco a poco fui dejándome ir, y comencé a oír el sonido de la copa. En segundos nomás, experimenté mi salida del plano corporal para transportarme hacia lo efímero; había alcanzado otro mundo. Una realidad alterna…

¿Con quien desea hablar simple mortal? Exclamo una voz de ultratumba que inmediatamente me remitió al Coronel Kurtz de Brando.

¿Qué tal?, dije tratando de relajar la situación un poco. Vine a charlar con George Orwell; quería saber si había visto el programa de TV.

Orwell no esta en estos momentos, respondió la voz y agregó: él y sus personajes se fueron a Buenos Aires. No diga que yo le conté, pero me enteré que Orwell fue fusil en mano a buscarlo a Rial; mientras que Winston el de los 80, y los cerdos de la granja rebelde se van a ocupar de Ventura.

Ahhh, listo, entiendo. Bueno, me voy entonces. Intento la próxima, capaz que ya volvieron para entonces, comenté, ya con ganas de volverme a la fiesta bajón.

¿Ya te vas a ir? , preguntó la voz con tono de decepción. -Mira que aquí hay mucha gente interesante para charlar. ¿Vos a que te dedicas pibe?

Soy periodista, respondí ya con cierta impaciencia y preocupado porque esta relación se estaba tornando demasiado informal muy rápido.

¡Periodista! Perfecto, acá tenemos muchos referentes para que puedas evacuar tus dudas. Dale, dale copate, que tenemos una larga lista. Mira por ejemplo… Rodolfo Walsh, Truman Capote, Bernardo Neustadt…

¿Cómo? ¿Neustadt acá? No sabía que estaba muerto.

Muerto no, pero en los 70 hipoteco su alma y ya en los 90 se la expropiamos porque excedió todo tipo de créditos. ¿Queres que lo llame? Aprieto un botón ya lo tengo acá bailando como mono callejero.

No, no. Gracias. Que se quede donde está.

Bueno, pero no te vas a ir sin hablar con alguien, no todos los días se viene aquí.

Mmmh, mirá hagamos así: te dejo anotado mi pregunta para Orwell y vos después se la das si sos tan amable. ¿Te parece?, pregunté a la voz.

Si, dale chamigo. Yo me encargo de hacérsela llegar. Confía en mí.

“Estimado Mister Orwell, lo mío es breve. Sólo quería preguntarle esto:

¿Usted piensa que la humanidad sobrevivirá a esta fascinación mediática?

Desde ya muchas gracias, Lucas”

Cuando volví a la realidad mis amigos no me creyeron una palabra. Traté de convencerlos una y otra vez durante horas, pero me respondieron con la misma escéptica atención que yo les había dado anteriormente.

Seguramente usted estará preguntándose si obtuve algún tipo de respuesta  luego de mi experiencia. Acerca de eso, mi entrañable lector, debo confesarle que afortunadamente no tuve que esperar mucho para recibir la respuesta a mi pregunta. Una enorme sorpresa se dibujo en mi rostro ante la tapa de la revista Paparazzi de esa semana: el ganador de Gran Hermano rodeado por Jorge Rial, quien sostenía a dos cerdos; y  Sergio Denis abrazado a un extraño hombre uniformado por un mameluco azul con un parche que lo identificaba como Winston.

LUCAS MENDOZA CANALDA.

Este texto pertenece a la edición de Marzo de CULTURA ETÉREA

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