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Santa Frances, La hija de la furia

agosto 20, 2007

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Por Kenneth Anger

La espectacular destrucción de la bella, sensitiva y emocional actriz Frances Farmer aportó a Cinelandia otro drama sacado de la vida real que, en 1943, compitió en las primeras planas de todo el pais con la tumultuosa querella Chaplin-Barry y una pequeñez llamada II Guerra Mundial.

En el año 1935 y tras vencer la Farmer en un concurso de popularidad patrocinado por una revista, la Paramount tendió sus garras a la “nueva Garbo” poniéndole por delante un contrato de siete años de duración. Frances, que se consideraba una actriz seria y soñaba con interpretar a Chejov y a los clásicos (más adelante trabajó brevemente con el Theatre Group de Nueva York actuando en Golden Boy y La quinta columna a las órdenes de Elia Kazan y Clifford Odets) encontró que su Estudio la emparejaba con Bing Crosby en Rhythm on the Range, y codo a codo con Martha Raye y Bob Burns y su bazooka. Fue prestada a Samuel Goldwyn (Paramount hizo un buen negocio con este alquiler, aunque ni un solo penique fue a parar al bolsillo de Frances) para una película de época, Rivales. A ésta siguieron Idolo de Nueva York con Cary Grant, Ebb Tide con Ray Milland, El hijo de la furia con Tyrone Power y su film más curioso, Among the living, con Albert Dekker. Posteriormente la futura actriz “intelectual” fue malgastada en una cosa titulada Al sur de Pago Pago al lado de Jon Hall.

Frances no volvería a ganar concursos de popularidad en el Sur de California. Decidida individualista que se negaba a pasar por el aro del Hollywood tradicional, repitió en más de una ocasión que aborrecía todo lo que la ciudad significaba, a excepción del dinero. Se creó enemigos como Zukor y otros jeques y, cuando en 1943 le llegó la mala racha, la mayoría opinó que la chica se había querido pasar de lista, recibiendo a cambio un merecido aunque inesperado castigo.

Su derrumbe empezó con un accidente banal: arresto por una violación de tráfico sin importancia la noche del 19 de octubre de 1942, en Santa Mónica. Fue multada por conducir sin licencia y ebria, llevando los faros apagados, en cierta zona de la carretera de la costa del Pacífico. Frances odiaba a los policías; a partir de ese momento se convirtieron en sus demonios personales. A los patrulleros que la insultaron y trataron con arrogancia, se les enfrentó con paralela hostilidad, y tras el combate verbal terminó arrastrada a la cárcel de Santa Mónica. Esa noche fue sentenciada a ciento ochenta días y puesta a prueba en libertad condicional. (Si en alguna ocasión alguien necesitó los servicios de un Jerry Geisler, esa fue Frances.)

No mucho después, la arrestaron en el hotel Knickerbocker de Hollywood por incomparecencia ante el oficial de guardia, al que debía haberse reportado; todo esto ocurrió en medio de un comportamiento histérico, durante el cual dislocó la mandíbula de su peluquera en el Estudio, perdió su jersey en medio de una etílica batalla en un club nocturno y, como guinda, salió corriendo topless en medio del tráfico de Sunset Strip. Los policías reavivaron su paranoia golpeando violentamente su puerta y abriéndola con una llave maestra para entrar armados y con esposas. Ella se escondió en el cuarto de baño. Los agentes forzaron la cerradura y, tras un salvaje forcejeo, la arrastraron desnuda hasta el vestíbulo del Knickerbocker.

En la comisaría de Hollywood pegaron un respingo cuando la “nueva Garbo” rellenó el espacio dedicado a “Ocupación” con la palabra “mamona” .

En el juzgado, mientras aguardaba la sentencia, miró al enjambre de fotógrafos que la rodeaban y les escupió: “¡Ratas, ratas, ratas!” Cuando el juez le preguntó cómo había perdido su jersey en la batalla campal del club nocturno, ella negó todo conocimiento del hecho. Y, cuando Su Excelencia la interrogó acerca de su dependencia de la bebida, Frances replicó en voz alta:

“Oiga usted, acostumbro a poner alcohol en mi leche. Y en mi café. Y en mi zumo de naranja. ¿Qué quiere que haga? ¿Qué me muera de hambre? Bebo todo lo que puedo conseguir, incluida la benzedrina”.

El juez Hickson, con rostro de acelga, no era precisamente el bondadoso Harvey de la pantalla. [“El Juez Harvey” (en el original Juez Hardy) personaje basado en una famosa serie de films de la Metro Goldwyn Mayer, en la que los protagonistas, encabezados por el Juez Hardy y su hijo Andres, figuraban como prototipo de la familia ideal norteamericana. Al ser doblados en España, el apellido Hardy fue sustituido por el de Harvey. Lewis Stone interpretaba al magistrado y Mickey Rooney a su primogénito. Algunos de los títulos estrenados aquí son: El juez Harveyy sus hijos, Las vacaciones del Juez Harvey y Andrés Harvey Tenorio.

Levantándose de su sillón, confirmó la sentencia de ciento ochenta días. “Maravilloso”, gritó Frances. ¿Acaso a usted nunca le han partido el corazón?” (Se refería a su desgraciado idilio con Clifford Odets y a su reciente divorcio de Leif Ericson)

A continuación, y haciendo gala de una espléndida puntería, lanzó un tintero a la cabeza de Su Excelencia. La petición de efectuar una llamada telefónica al abandonar la Audiencia le fue denegada sin razón alguna; esto provocó que Frances embistiese a la matrona y tumbara a un policía. Fue conducida a su celda en camisa de fuerza.

No recibió ayuda alguna de su productora de entonces, la Monogram Pictures (Frances había caído ya de su pináculo en la Paramount al nadir de las firmas sin prestigio). Monogram no tardó en sustituir a la Farmer por Mary Brian en el rol protagonista de Sin salida.

Frances necesitaba ayuda profesional desesperadamente. Pero ésta no llegó. En su lugar hizo entrada su mortal enemiga, la Némesis del pasado: la señora Lilian V. Farmer, su madre (que nunca había querido tener hijos). Manifestó a los periodistas en Seattle que los “problemas” de su hija sólo se debían a un truco publicitario destinado a proporcionarle una visión auténtica de las prisiones. “Deben estar planeando un film para ella en el que existan secuencias rodadas en la cárcel. Así podrá ofrecer una buena actuación basada en una experiencia real” soltó amorosamente mamá.

La deliciosa mamá Farmer (que parecía una bruja salida de un cuento de hadas) arrastró entonces su enorme trasero hasta Hollywood. Allí declaró a su hija mentalmente incapacitada y firmó los documentos para su internamiento. Echaba la culpa del colapso de Frances al comunismo.

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