El capitalismo del desastre
En diálogo con Ñ, la periodista y activista canadiense, autora del exitoso No Logo, reiteró que el proceso de globalización lleva este mundo al desastre. Las políticas neoliberales, señaló, son terapias de shock que desarticulan la resistencia. Entusiasmada con los movimientos originados por la crisis de 2001 en la Argentina, hoy dice que han desilusionado, pues no cumplieron con las expectativas. Vea la intervención de Klein en el blog de Ñ del Diario de la Feria.
Argentina ha sido inspiración para la tesis inicial del último libro de Naomi Klein. Lo escribió allí y lo explica mejor en la entrevista: “Vivir en la Argentina y saber sobre la dictadura me había dado la tesis del libro: esta ideología del capitalismo del desastre comenzó con la tortura y el derrocamiento de gobiernos y, tras un período de calma, ha vuelto“. No sólo esto inspiró la Argentina. Aterrizada en Ezeiza en medio de la efervescencia de enero de 2002, dos años después Naomi Klein dio a conocer la película La toma, sobre la experiencia de trabajadores de fábricas recuperadas, realizada aquí junto a su marido, Avi Lewis, a quien Klein le ha dedicado sus dos libros: el best-seller No Logo y el más reciente La doctrina del shock – El auge del capitalismo del desastre. De este último dice Klein que “no habría sido física, intelectual o emocionalmente posible sin mi marido… mi colaborador en todo, mi editor, mi compañero de viaje, y la persona que hace mi vida mejor“. Avi Lewis, de hecho, monitorea las entrevistas a Klein: revisa qué periodistas vendrán, cuál es su background personal, la orientación ideológica del medio para el cual trabajan, etc. Salvo en lo que hace a la maquilladora y a la peluquera exigidas por la autora de No Logo durante su visita a Buenos Aires, del resto se preocupa también su esposo.
Periodista y columnista en diversos diarios, Naomi Klein se hizo muy conocida tras la publicación de No Logo, en el cual, como en La doctrina del shock, se combinan la investigación periodística y académica (a veces muy rigurosa) con algunas hipótesis básicas sobre la globalización, y conclusiones en las que no siempre queda claro qué es causa y qué es efecto, confirmadas por un universo de prueba tan vasto como inabarcable. No Logo fue elevado al rango de manifiesto del movimiento anti-globalización que irrumpió en 1999 en medio de la Cumbre Mundial del Comercio en Seattle (cuyo eco muchos, también Lewis y Klein, han querido ver en las complejas reivindicaciones del año 2001 en Buenos Aires). Pero La doctrina del shock es un libro más complicado, más difícil de transformar en logo.
“Cuando empecé tenía pensado un libro muy diferente –explica–; quería tomar sólo Irak, el tsunami y el huracán Katrina y analizar el capitalismo contemporáneo del desastre. Como había vivido la experiencia en la Argentina y sabía sobre la dictadura, la tesis del libro era que esta ideología había comenzado con la tortura y el derrocamiento de gobiernos, y que luego, tras un período de calma, ha vuelto. Pero el problema es que estaba equivocada.
Por eso, el libro me llevó dos años más de la cuenta y no fue un proyecto de investigación coherente sino muy caótico. Para ser franca, me sorprende que tenga sentido porque ese período intermedio fue muy desprolijo. La investigación modificó la tesis. No me proponía escribir una historia alternativa del neoliberalismo sino sólo sobre el capitalismo contemporáneo del desastre, trayendo algunos ecos del pasado. Si me hubieran dicho que iba a escribir una historia alternativa del neoliberalismo no habría encarado el proyecto. Me habría parecido demasiado ambicioso. ” Es cierto, es un libro demasiado ambicioso, con muchísimas entrevistas y algunos datos valiosos, pero con una desmedida vocación por mostrar que –como repite Pancho Ibáñez– todo tiene que ver con todo: la terapia de electroshock con la que la CIA pensaba lavar cerebros en los años 50, las dictaduras en la Argentina y Chile en los 70, la política de refundación de la industria turística tras el tsunami en Sri Lanka, la libertad restringida de la democracia sudafricana, la política de Bush frente a la catástrofe del Katrina, Polonia, Irak, Rusia, China. . . En muchos casos Naomi Klein llega hasta esos sitios en persona. El capítulo sobre el tsunami arranca así: “Fui a la playa al amanecer esperando encontrarme con algunos pescadores...” El que se dedica a la invasión de Irak empieza: “Marzo de 2004. Llevaba menos de tres horas en Bagdad y las cosas no iban bien“. El tratamiento del huracán Katrina se inicia con un: “Conocí a Jamar Perry en setiembre de 2005 en el gran refugio que la Cruz Roja había organizado en Baton Rouge, Louisiana“.
Pero esta técnica no siempre da buenos resultados. Al caso argentino también se acercó Naomi Klein en persona, y sin embargo las inexactitudes y simplificaciones en las páginas dedicadas a este país son tan grandes que, después de pasar por ellas, el lector atento empieza a dudar si las descripciones referidas a Polonia o Sudáfrica –ni qué hablar de las conclusiones generales– no estarán igualmente viciadas de esa miopía que revela un árbol y esconde el frondoso bosque.
Por ejemplo, sin entrar en cuestiones de interpretación política, cuando relata la captura de Rodolfo Walsh y su asesinato en 1977 por un grupo de tareas, Naomi Klein escribe que “Massera ordenó a los soldados: Traedme a ese bastardo, es mío“. El lector que reconozca los hechos tiene que aislar primero la bestialidad de la traducción hecha en España y luego la gruesa imprecisión sobre el tipo de agente encargado de los “operativos” para poder hallar en esa frase alguna semejanza con la situación original. El ejemplo con el que ilustra Klein la metodología de las FF. AA. en sus primeros días tras el golpe parece igualmente inverosímil: “La Junta hizo una única y dramática demostración de su disposición a usar la fuerza de modo letal: un hombre fue sacado a empujones de un Ford Falcon (el vehículo habitual de la policía secreta), atado al monumento más famoso de Buenos Aires, el Obelisco, blanco de 67,5 metros, y ametrallado a la vista de todos los transeúntes“.
Aunque contribuyan todos juntos a una conclusión no siempre errada, los datos así amontonados componen una pintura por lo menos ajena. No obstante, uno de los propósitos de este libro –como el de Susana Giménez y jabón Cadum– es advertir al lector sobre el shock. Empecemos por allí.
Un shock es cualquier acontecimiento catastrófico que nos desorienta. Mi forma preferida de entender el shock es decir que es la brecha entre un acontecimiento y el relato que lo explica. Ese lapso, esa brecha que se abre entre acontecimiento y relato es el estado de confusión en el cual somos vulnerables. La doctrina del shock es la filosofía del poder que entiende que esa brecha es el mejor momento para imponer un programa radical pro-empresas.
Esta no es una historia de esos países, es una historia del neoliberalismo. Esta ha sido una campaña ideológica y económica que sirve a las elites de todo el mundo, que tiene sus libros sagrados y su filosofía del poder. Esa filosofía es como el médico de shock. En el libro cito abundantemente a los arquitectos del neoliberalismo cuando dicen que necesitan crisis: “Cualquier crisis sirve”. Cito al ministro de Economía de Polonia cuando dice que puede ser “Una rápida transición económica, el fin de una guerra, cualquier cosa”. El shock es un período en el que la gente pierde la orientación. La izquierda no entendió que hay una filosofía del poder en las crisis que ha permitido el ascenso de esta ideología. Las crisis son todas diferentes pero, en los últimos 30 años aparece este hilo conductor: fueron sistemáticamente aprovechadas por un grupo pequeño que comprendió y estudió la utilidad de las crisis. Todo esto era nuevo para mí cuando empecé la investigación. Es sorprendente tomar el huracán Katrina, el tsunami, Irak o el fin del comunismo y ver que en todos los casos aparecen las mismas recetas. Tienen una sola idea muy redituable: enriquece a los políticos y a las empresas.
No es inevitable que reaccionemos ante los acontecimientos difíciles con un shock, un estado de desorientación. Pero el factor determinante de que nos sintamos desorientados, de que nos volvamos maleables y entremos en regresión es que tengamos o no un relato que explique lo que pasa. En estado de shock uno se vuelve vulnerable. Con un electroshock la persona pierde control de su cuerpo, tanto en psiquiatría como en una tortura. La pregunta es cómo mantenerse fuera del shock, porque no podemos evitar que ocurran pero sí podemos controlar el hecho de entrar o no en ese estado de regresión y desorientación o al menos cuánto tiempo permanecemos en él.
Lo que me motivó fue presenciar los efectos increíblemente dañinos del prolongado estado de shock en el que entraron los norteamericanos después del 11-S. Fue la quintaesencia de la brecha entre acontecimiento y relato. “¿Por qué nos odian?” se preguntaban. Uno tendría que hablar de las fallas de los medios, de nuestro sistema educativo, de la cultura que creó una situación en la que los estadounidenses quedaron totalmente sorprendidos de tener enemigos que querían su aniquilación, de los cuales no tenían ni la menor idea hasta el día anterior. El shock no fue el atentado sino el hecho de que parecía llegado de otro planeta. Eso creó el contexto para que el gobierno de Bush se adueñara del poder para destruir las libertades civiles, invadir Afganistán e Irak, crear Guantánamo, etc. Yo quería entender la teoría del shock. Se combinaron la necesidad de ver los efectos nocivos que esto tuvo en el panorama político del lugar donde vivo y el hecho de haber venido a la Argentina después de un shock, después de la crisis. En enero de 2002, cuando vine por primera vez, todavía reinaba una gran confusión pero lo que me impactó –y esa es la raíz de la tesis de este libro– fue escuchar los relatos de la gente sobre por qué el país había reaccionado así el 19 y 20 de diciembre. Tantas personas contaban la misma historia: “De la Rúa habló por televisión, declaró el estado de sitio y esa situación nos recordó el pasado”. En 2001 ustedes tenían el contexto clásico para la aplicación de la doctrina del shock; esa vez no funcionó pero, recordémoslo, se intentó hacerlo.
Ustedes tenían una crisis económica, hubo un intento del FMI y de Domingo Cavallo de aplicar un programa de austeridad total, de aprovechar esa crisis económica para llevar el neoliberalismo aún más lejos. En los Estados Unidos había un grupo de economistas de derecha, como Rudiger Dornbusch, que proponían que la economía de Argentina se trasladara offshore. Es la idea más radical que jamás se haya oído. Ninguna de esas ideas prendió y la gente las rechazó porque había aprendido de aprovechamientos anteriores del shock. Cuando De la Rúa declaró el estado de sitio, la gente recordó 1976. Ustedes tuvieron una memoria histórica. En un momento en el que la gente podría haber sido vulnerable a otra terapia de shock económico, algo la mantuvo fuera. Sorprendente. Lo contrario de un shock, como una hiper-orientación. Todo el mundo estaba súper despierto.
Mucha gente salió por propio interés, sin duda. Pero la experiencia cambia a la gente.
No los interpreto porque no los he investigado. Es fácil olvidar que había un programa ambicioso de aprovechar ese shock para adueñarse de la economía argentina, y eso no ocurrió.
Sí. En este gobierno se han producido algunos cambios muy simbólicos. y creo que la postura de Kirchner ante el FMI fue importante para el debilitamiento del FMI. Ahora el Fondo está en una profunda crisis y la Argentina desempeñó un papel significativo en ella. Dicho esto, no creo que los Kirchner realmente rechacen muchos postulados del neoliberalismo: le pagaron al FMI y la cuestión crucial es la redistribución de la riqueza. El legado neoliberal es la desigualdad masiva y la aniquilación de la clase media, por eso, la reconstrucción pasa por abordar la desigualdad y eso no ocurre aquí de manera significativa. ¿Es este un gobierno anti neoliberal? No sé. Pero diciembre de 2001 fue un tiempo de cambio y también de desilusión porque había muchas esperanzas en ese potencial y creo que hubo muchas oportunidades perdidas.
Una de las desilusiones es la de las fábricas recuperadas. Eso podría haber sido un cambio de política pero para que eso ocurra hace falta un gobierno al que le interese cambiar la dinámica (y gente que se lo exija), alejándose de la asistencia y la beneficencia para acercarse a la autosuficiencia, que es la amenaza fundamental porque el modelo clientelista es una maquinaria política. Las cooperativas autónomas no necesitan tanto a los partidos políticos. Esto no sólo ocurre en la Argentina. Ese nuevo paso para institucionalizar otro modelo económico no se dio y esa es otra desilusión. Pero creo que sí se está haciendo en otros países que tienen otra relación con los movimientos sociales, una relación más igualitaria. Mire a Evo Morales: tiene que dar respuesta a los movimientos sociales pero no existe esa maquinaria política tan difícil de desarticular. Es un desafío muy particular. Pero el peronismo –eso aprendí en la Argentina– es único.
¿Cree eso? Sí, me apoyé en fuentes secundarias. No es lo ideal. Había hecho algunas investigaciones aquí pero profundicé más de lo que esperaba y por eso me basé en algunos libros publicados en inglés. Ahora estamos haciendo un documental y podremos hacer más investigación. Lo acabamos de empezar con el director Michael Winterbottom; el viernes (por ayer) haremos la primera filmación. Winterbottom quiere ser muy fiel al libro. Los capítulos de Chile y Argentina lo impresionaron así que vamos a filmar aquí y en Chile.
Creo que él dice que las teorías de estos economistas eran aún más endebles. Malos economistas. Stiglitz disiente más en la tortura y la metáfora del shock.
Sí, ya hubo muchas muertes causadas por el Tazer. Son un producto de consumo. Es increíble: vienen en rosa, con estampado de leopardo o con música. Este es el Estados Unidos post-11 de setiembre. Los padres las están usando con sus hijos, los maridos con las mujeres. Es un arma de abuso en el hogar; y justamente porque tienen fama de seguras son mucho más peligrosas. La empresa repite: “Esto es seguro. No es fuerza mortal. ” Hay historias de padres que la han usado contra chicos de tres años porque lloraban. Es una epidemia de shock.
Hay un tercer shock que es necesario para hacer cumplir con la doctrina y no fui lo suficientemente firme al respecto en el libro. Si volviera a escribirlo dedicaría un capítulo a las cárceles estadounidenses; al hecho de que uno de cada cien estadounidenses adultos está preso, que Estados Unidos tiene el índice de encarcelamiento más alto del mundo y que esa población carcelaria está compuesta mayoritariamente por negros y latinos. Nueva Orleans tiene al 30% de su población tras las rejas. Algunas de estas cárceles usan armas de shock. Las poblaciones que estuvieron en la línea de frente de estas políticas económicas sufrieron un nivel increíble de disciplinamiento y brutalidad policial.
Es más: es entretenido. Uno ve el shock en el cine, en TV… en los reality shows hay como una competencia: quién puede soportar un shock. Uno de los motivos por los cuales es tan difícil hablar de esto en los Estados Unidos es que los medios ejercen una amortiguación. La gente no confía en sus propias reacciones emocionales cuando no recibe confirmación de los medios. Y uno empieza a pensar que está loco, que es el único que piensa así. Porque a uno algo le parece chocante pero la televisión está hablando de otra cosa. Para que estas cosas lleguen a ser una controversia hace falta más que un artículo. Tiene que haber un contexto, que los medios electrónicos digan: “Usted tiene razón en opinar que esto está mal”. Si uno no recibe esa confirmación, piensa que esa violencia es normal. Por eso el uso de blogs es alentador. En Canadá nos llegó la noticia de que alguien había muerto por el uso del Tazer en un aeropuerto como la nota de un día. Recién cuando se vio el video en YouTube esto se convirtió en una polémica y en investigación.
El objetivo era prepararnos para el próximo shock. Y es muy gratificante recibir e-mails de gente que usa el marco de La doctrina del shock para interpretar la actualidad. Esa es mi meta como analista desde que empecé a escribir columnas: dar herramientas para leer mejor los diarios. Esa es mi misión. Por eso, es hermoso recibir mensajes de correo electrónico de gente de todo el mundo que me dice: “Está ocurriendo aquí. Están tratando de hacerlo. Lo están haciendo en la junta escolar, con la crisis alimentaria para introducir alimentos genéticamente modificados” o “con la crisis económica quieren privatizar la seguridad social”. Ahí me siento muy gratificada porque significa que la gente tiene otra herramienta para interpretar las noticias. Soy bastante realista en cuanto a qué puede y no puede lograr un libro. Los libros no crean movimientos.
Depende del académico. Creo que muchos docentes valoran a quien divulga y sintetiza. Algunos valoran que use como fuente el trabajo tan cuidadoso que hacen ellos. Me invitan a hablar en universidades porque para los alumnos es útil tener el panorama general. Pero el punto de vista de algunos académicos depende de su orientación: para los marxistas o trotskistas, el libro es demasiado keynesiano. Para los neoliberales, es demasiado marxista.
Eso estaba más bien dirigido a los economistas que habían hecho tal desastre. Tengo un gran respeto por quienes dedican tanto esfuerzo a ser precisos. Sin ellos no podría hacer mi trabajo.
Klein BásicoMontreal, 1970. PeriodistaTambién es economista y un referente del movimiento de resistencia global a partir de la publicación de su libro No Logo. Columnista de The Guardian y The Globe and Mail de Toronto, ha publicado el libro de artículos políticos Vallas y ventanas y realizó el guión del documental La Toma, centrado en la toma de Forja, Zanon y Brukman, fábricas recuperadas por sus trabajadores en la Argentina poco después de la crisis del año 2001.
Otro shock de Naomi Klein
Con el auspicio de adnCultura-LA NACION, presentó su último trabajo La doctrina del shock: el auge del capitalismo del desastre , en la Feria del Libro. La charla con los lectores fue moderada por Nelson Castro
América latina tiene que enseñar al mundo las consecuencias de los programas económicos neoliberales aplicados en la región, dijo Naomí Klein, durante la presentación de su libro “La doctrina del shock: el auge del capitalismo del desastre”, en la Feria del Libro. Klein ofreció una charla moderada por el periodista Nelson Castro y que fue auspiciada por adnCultura-LA NACION.
La periodista canadiense y militante de la corriente contra la globalización bajo el modelo neoliberal surgida en Seattle, en 1999, se convirtió en una suerte de teórica de ese movimiento al lanzar en 2000 su primer libro “No Logo”, un análisis del lado oscuro de las marcas de las multinacionales.
El nuevo libro en que Klein objeta con hechos y documentos los postulados del gurú neoliberal Milton Friedman y sus Chicago´s Boys , “no hubiera sido posible escribirlo sin haber vivido en Buenos Aires durante la crisis” posterior a la caída del gobierno de Fernando de la Rúa, en diciembre de 2001.
Para la autora, que residió un año en Argentina a partir de 2002, fue clave ver cómo en un momento de conmoción política, social y económica, en muchos argentinos se activó “la memoria histórica de resistir a todos los intentos de las crisis” de la mano de postulados neoliberales.
Klein contó además que recibió el “regalo” de haber vivido en este país previo a la invasión de Irak, porque le dio una mirada distinta a la que tenían en Canadá o Europa sobre esa guerra inminente, pues algunos argentinos le señalaron un paralelismo con lo que había sido la dictadura (1976-1983).
“La metáfora del electro shock y la tortura con la economía existe hace 50 años“, recordó la autora, que señaló que “hay algo significativo en que los economistas se vean como médicos que recetan a sus pacientes enfermos (los países) una cura de shock“, dijo la escritora ante un colmado auditorio en la sala Jorge Luis Borges de la Feria del Libro.
“Cuando un grupo necesita de una crisis para tomar medidas muy impopulares y en la cual la gente no puede participar, es antidemocrático“, afirmó Klein.
La narrativa neoliberal “no es la que narran los ganadores“, o sea “los beneficiados con las recetas de brutal impacto social“, sostuvo Klein, y por eso “América latina tiene que enseñar al mundo, en un panorama más amplio”, las consecuencias sufridas por la aplicación de esos “proyectos muy violentos”.
“La terapia del shock, de la picana, se impuso brutalmente en la dictadura en este país, y luego empecé a ver ese paralelismo en Irak; cuando se opusieron también sufrieron la tortura de la picana”, afirmó la autora.
En “La doctrina”, Klein vincula el electroshock usado por la CIA en los 50 para lograr reducir a las personas a un estado de indefensión y total vulnerabilidad con la llamada terapia de shock económico impulsada por Friedman, que fue aplicada por su amigo Augusto Pinochet en Chile tras el golpe que derrocó a Salvador Allende, en 1973.
Igual suerte sufrieron en los años siguientes Argentina, Brasil y Uruguay, en sendas dictaduras, mientras que en Bolivia -destaca Klein- fue durante el gobierno democrático de Víctor Paz Estensoro que se aplicó, en 1985, un plan elaborado por Jeffrey Sachs para frenar la hiperinflación que causó un descalabro social, previa detención de decenas de dirigentes sindicales y opositores que lo rechazaban.
Esa misma metodología del shock físico -o sea la tortura- se aplicó en Irak para frenar la resistencia de la población a la invasión, conmocionada por las bombas, ataques y muerte, mientras que Estados Unidos aplicaba un plan de shock en la economía, a favor de los grupos económicos relacionados al petróleo, las armas y la seguridad, como Halliburton, sostiene la autora.
Klein afirma en su libro que aprovechando el shock natural en Nueva Orleans, tras la devastación del huracán Katrina, el gobierno volcó los fondos en escuelas privadas en lugar de reconstruir las públicas, y en la Indonesia arrasada por el maremoto las autoridades privatizaron la costa afectada en favor de grupos económicos del sector turismo.
La autora estaba otra vez hoy en la Feria Internacional del Libro, en la presentación formal de su libro, luego de la charla que brindó el jueves por la noche, en la jornada inaugural de la actividad.
(ANSA)



























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